miércoles, 16 de septiembre de 2009

La sonrisa. Sonreir a los demás. El poder de la sonrisa. Afabilidad.

La sonrisa tiene un efecto multiplicador en cualquier tipo de actividad que desarrollemos. Pedir algo por favor, y acompañarlo de una sonrisa, produce un efecto muy positivo en la otra persona. Siempre, nuestra sonrisa , debe ser natural, y nada fingida; esta actitud positiva nos beneficia en nuestras relaciones con los demás.


La sonrisa, es la luz de nuestro rostro, la que nos abre muchas puertas, la que genera aptitudes positivas y la que nos alisa el camino para llegar a los demás. Incluso, la sonrisa puede mermar el efecto de algún error o equivocación que tengamos.


Mejor que hablar de la sonrisa, vamos a dar una serie de frases que resumen la importancia de una sonrisa sincera:

"Una sonrisa significa mucho. Enriquece a quien la recibe; sin empobrecer a quien la ofrece. Dura un segundo pero su recuerdo, a veces, nunca se borra".


"Aquel cuya sonrisa le embellece es bueno; aquel cuya sonrisa le desfigura es malo".


"Sonríe aunque sólo sea una sonrisa triste, porque más triste que la sonrisa triste, es la tristeza de no saber sonreír".


"Es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada".


" El maquillaje que embellece más es una sonrisa sincera".


"No hay ninguna cosa seria que no pueda decirse con una sonrisa".


"No hay nadie tan rico que no la necesite ni tan pobre que no la pueda dar".

Una sonrisa tiene valor desde el comienzo en que se da, si crees que a ti la sonrisa no te aporta nada, sé generoso y da la tuya, porque nadie tiene tanta necesidad de la sonrisa como quién no sabe sonreír.




La sonrisa es la luz de nuestro rostro, lo que nos abre muchas puertas, la que genera aptitudes positivas y la que nos alisa el camino para llegar a los demás.


Incluso, la sonrisa puede mermar el efecto de algún error o equivocación que tengamos.


Sonríe aunque sea una sonrisa triste, porque más triste que la sonrisa triste, es la tristeza de no saber sonreír.


Los invito a aprender de una bella historia llamada

El atardecer de la Vida

Allí estaba… sentado en una banqueta, con los pies descalzos sobre las baldosas rotas de la vereda,; gorra marrón, manos arrugadas sosteniendo un viejo bastón de madera, pantalones que arremangados dejaban libres sus pantorrillas y una camisa blanca, gastada, con un chaleco de lana tejido a mano. El anciano miraba a la nada…


Y el viejo lloró, y en su única lágrima expresó tanto, que me fue muy difícil acercarme a preguntarle, o siquiera consolarlo. Por el frente de su casa pasé mirándolo , al voltear su mirada la fijó en mí, le sonreí, lo saludé con un gesto, aunque no cruce la calle…no me animé, no lo conocía, y si bien entendí que en la mirada de aquella lágrima se mostraba una gran necesidad, seguí mi camino , sin convencerme de estar haciendo lo correcto.


En mi camino guardé la imagen, la de su mirada encontrándose con la mía. Traté de olvidarme. Caminé rápido como escapándome. Compré un libro y, ni bien llegué a mi casa, comencé a leerlo, esperando que el tiempo borrara esa presencia…pero esa lágrima no se borraba…


Los viejos no lloran así por nada, me dije. Esa noche me costó dormir, la conciencia no entiende de horarios, y decidí que a la mañana volvería a su casa y conversaría con él, tal como entendí que me lo había pedido. Luego de vencer mi pena, logre dormir.


Recuerdo haber preparado un poco de café, compré galletas, y muy de prisa fui a su casa convencido de tener mucho por conversar. Llamé a la puerta, cedieron las rechinantes bisagras y salió otro hombre.


¿Qué desea?, preguntó, mirándome con gesto adusto.


Busco al anciano que vive en esta casa.


Mi padre murió ayer por la tarde, dijo entre lágrimas.


¿Murió?, dije decepcionado. Las piernas se me aflojaron, la mente se me nublo y los ojos se me humedecieron.


¿Y usted quién es?, volvió a preguntar.


En realidad nadie, contesté. Y agregué: ayer pasé por la puerta de su casa, y estaba su padre sentado, vi que lloraba y, a pesar de que lo saludé, no me detuve a preguntarle qué le sucedía… hoy volví para hablar con él, pero veo que es tarde.


No me lo va a creer pero usted es la persona de quién hablaba en su diario.


Extrañado por lo que me decía, lo miré pidiéndole más explicación.


Por favor, pase me dijo aún sin contestarme.


Luego de servir un poco de café, me llevó hasta donde estaba su diario, y la última hoja rezaba:


Hoy me regalaron una sonrisa plena y un saludo amable…hoy es un día bello…






(Autor desconocido)


Una sonrisa significa mucho. Enriquece a quién la recibe sin empobrecer a quién la ofrece.


Dura un segundo pero su recuerdo, a veces, nunca se borra.

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