AM-ARTE

Amo como ama el amor. no conozco otra razón para amar que amarte. Es el arte una expresion de amor en gran parte y el amor es el arte de expresar de mil maneras cuanto puedo am-arte... Vanesa

viernes, 18 de septiembre de 2009

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Publicado por AM-ARTE por Vanesa Alessandroni en 5:41

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Símbolo del Amor y una llamada a la fraternidad. Este colosal Cristo, de 38 metros de altura y 1.145 toneladas de peso, es el orgullo de todos los brasileños, sean del origen y la casta que sean, pues desde su cerro los abraza y protege con ese gesto que tan famoso ha hecho su silueta de brazos abiertos. Y allí, desde el Corcovado, el más imponente cerro que rodea a Río de Janeiro (Ver hoteles en Rio de Janeiro), a 750 metros de altura, y con las famosas playas de Copacabana, Ipanema, Leblon, Barra do Tijuca y Sao Conrado, a sus pies, el Cristo Redentor parece llamar al mundo a la Paz, al Hermanamiento y al Amor. Aún cuando la idea de este monumento ya surgió a mediados del siglo XIX, no fue sino hasta el año 1921 en que se llevó a efecto, no sin antes una gran discusión sobre en cuál monte debería ir situado: si el Pan de Azúcar o el Corcovado. Finalmente se eligió éste último por su mayor altura. Con los esquemas del ingeniero Heitor Da Silva Costa, y la financiación de todos los brasileños, en 1922 se colocó la primera piedra. Carlos Oswald aportó sus diseños, y la imagen es obra del francés Paul Maximilien Landowski. Su inauguración, al fin, se produjo el 12 de Octubre de 1.931, y contó con la excepcional colaboración de Marconi, el famoso físico italiano que obtuvo el premio Nobel de Física. Para llegar a él, podemos llegar, bien por carretera, bien por un tren electrificado que se inauguró en 1889 por el emperador Pedro I. 75 años cumplió en el 2006. Años durante los que puede contar innumerables anécdotas, como la que se dio con los bocetos originales, cuando se planteó la posibilidad de que cargara el Cristo con una Cruz y un Globo Terráqueo, idea que se desechó para evitar que se pensara que se trataba de un Cristo “futbolista”. O como aquélla otra en que el Obispado de Río de Janeiro decidió denunciar a varias empresas que utilizaban la imagen del Cristo en latas de cervezas y otros artículo, para evitar que su imagen perdiera religiosidad. Destinos Inicio Africa America Asia Europa Oceanía Resto del mundo España Secciones Categorías Lo más leído Maravillas del mundo Patrimonios Humanidad Webcams del mundo Mapas Viajeros Foro de Viajes Utilidades Hoteles Baratos Vuelos Baratos Viajes Baratos Alquiler Coches Alojamientos Entradas Hoteles LocuraViajes Blog Portal ¿Quienes Somos? ¿Sobre que escribimos? Contacto Río de Janeiro: El Cristo Redentor Posted by Javier Gómez October 1, 2007 Símbolo del Amor y una llamada a la fraternidad. Este colosal Cristo, de 38 metros de altura y 1.145 toneladas de peso, es el orgullo de todos los brasileños, sean del origen y la casta que sean, pues desde su cerro los abraza y protege con ese gesto que tan famoso ha hecho su silueta de brazos abiertos. Y allí, desde el Corcovado, el más imponente cerro que rodea a Río de Janeiro (Ver hoteles en Rio de Janeiro), a 750 metros de altura, y con las famosas playas de Copacabana, Ipanema, Leblon, Barra do Tijuca y Sao Conrado, a sus pies, el Cristo Redentor parece llamar al mundo a la Paz, al Hermanamiento y al Amor. Aún cuando la idea de este monumento ya surgió a mediados del siglo XIX, no fue sino hasta el año 1921 en que se llevó a efecto, no sin antes una gran discusión sobre en cuál monte debería ir situado: si el Pan de Azúcar o el Corcovado. Finalmente se eligió éste último por su mayor altura. Con los esquemas del ingeniero Heitor Da Silva Costa, y la financiación de todos los brasileños, en 1922 se colocó la primera piedra. Carlos Oswald aportó sus diseños, y la imagen es obra del francés Paul Maximilien Landowski. Su inauguración, al fin, se produjo el 12 de Octubre de 1.931, y contó con la excepcional colaboración de Marconi, el famoso físico italiano que obtuvo el premio Nobel de Física. Para llegar a él, podemos llegar, bien por carretera, bien por un tren electrificado que se inauguró en 1889 por el emperador Pedro I. 75 años cumplió en el 2006. Años durante los que puede contar innumerables anécdotas, como la que se dio con los bocetos originales, cuando se planteó la posibilidad de que cargara el Cristo con una Cruz y un Globo Terráqueo, idea que se desechó para evitar que se pensara que se trataba de un Cristo “futbolista”. O como aquélla otra en que el Obispado de Río de Janeiro decidió denunciar a varias empresas que utilizaban la imagen del Cristo en latas de cervezas y otros artículo, para evitar que su imagen perdiera religiosidad. Su iluminación, de color gris verdosa, intentó cambiarse a azul hace unos años, pero fueron tales las lluvias torrenciales que se produjeron durante su inauguración, que tuvo que ser aplazada, y por superstición, se pensó que el Cristo se negaba a que lo cambiaran. Por otro lado, en el año 2.000, y durante un periodo de fuertes recortes eléctricos, el Cristo redentor fue el único que no sufrió ninguna restricción lumínica, permaneciendo iluminado en todo momento. Actualmente, el Cristo Redentor de Río de Janeiro ha sido designado como candidato a Nueva Maravilla del Mundo, junto a otros conocidos monumentos mundiales como el Taj Mahal, la ciudad nabatea de Petra, la Alhambra de Granada, los famosos restos de Stonehenge, la ciudad de Timbouctú en Malí, los moais de la Isla de Pascua, Chichén Itzá en México, las pirámides de Gizeh en El Cairo, la Gran Muralla China, el Macchu Picchu en Perú, la Acrópolis de Atenas, el Coliseo de Roma, la Estatua de la Libertad en Nueva York, la Torre Eiffel en París, la Catedral de San Basilio en Moscú, el Castillo de Neuchswastein en Alemania, la Opera House de Sydney, o Santa Sofía en Estambul
EL GLOBO


Un niño negro contemplaba extasiado al vendedor de globos en la feria del pueblo. El pueblo era pequeño y el vendedor había llegado pocos días atrás, por lo tanto no era una persona conocida....
En pocos días la gente se dio cuenta de que era un excelente vendedor ya que usaba una técnica muy singular que lograba captar la atención de niños y grandes. En un momento soltó un globo rojo y toda la gente, especialmente los potenciales, pequeños clientes, miraron como el globo remontaba vuelo hacia el cielo.
Luego soltó un globo azul, después uno verde, después uno amarillo, uno blanco...
Todos ellos remontaron vuelo al igual que el globo rojo...
El niño negro, sin embargo, miraba fijamente sin desviar su atención, un globo negro que aún sostenía el vendedor en su mano.
Finalmente decidió acercarse y le preguntó al vendedor: Señor, si soltara usted el globo negro. ¿Subiría tan alto como los demás?
El vendedor sonrió comprensivamente al niño, soltó el cordel con que tenía sujeto el globo negro y, mientras éste se elevaba hacia lo alto, dijo: No es el color lo que hace subir, hijo. Es lo que hay adentro.


COMO SE ABRIO EL SENDERO

En el Jornalinho, de Portugal, encuentro una historia que nos enseña mucho respecto a aquello que escogemos sin pensar:Un día, un becerro tuvo que atravesar un bosque virgen para volver a su pastura. Siendo animal irracional, abrió un sendero tortuoso, lleno de curvas, subiendo y bajando colinas.Al día siguiente, un perro que pasaba por allí usó ese mismo sendero para atravesar el bosque. Después fue el turno de un carnero, lider de un rebaño, que, viendo el espacio ya abierto, hizo a sus compañeros seguir por allí.Más tarde, los hombres comenzaron a usar ese sendero: entraban y salían, giraban a la derecha, a la izquierda, descendían, se desviaban de obstáculos, quejándose y maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían nada para crear una nueva alternativa.Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en un amplio camino donde los pobres animales se cansaban bajo pesadas cargas, obligados a recorrer en tres horas una distancia que podría haber sido vencida en treinta minutos, si no hubieran seguido la vía abierta por el becerro.Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal de un poblado y, posteriormente, en la avenida principal de una ciudad. Todos se quejaban del tránsito, porque el trayecto era el peor posible.Mientras tanto, el viejo y sabio bosque se reía, al ver que los hombres tienen la tendencia a seguir como ciegos el camino que ya está abierto, sin preguntarse nunca si aquélla es la mejor elección.(Autor: Paulo Coelho. Publicado en "El Semanal", nº 729.)

¿Zanahoria, huevo o café?

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y lo difíciles que le resultaban las cosas. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro. Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente. Mirando a su hija le dijo:- "Querida, ¿qué ves?" -"Zanahorias, huevos y café" fue su respuesta.La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma. Humildemente la hija preguntó:"¿Qué significa ésto, padre?" El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua. "- ¿Cuál eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido? ¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren. Y tú, ¿cual de los tres eres?

LA INSPIRACION EN EL ARTE

La inspiración en la composición artística se asocia a un brote de creatividad irracional e inconsciente. Literalmente, la palabra significa "recibir el aliento," y tiene sus orígenes en el helenismo y la cultura hebrea. Homero y Hesíodo, en las primeras discusiones sobre la naturaleza de la inspiración destacan como importante tanto los aspectos rituales como los orígenes divinos del aliento de un dios. Por ejemplo tanto el oráculo de Delfos, como otras sibilas, recibían el vapor y humos divinos en una caverna dedicada a Apolo antes de realizar una profecía. En la Odisea, 22. 347-8, un poeta menciona que sus cantos fueron puestos en su corazón por los dioses.

Modelos antiguos de inspiración [editar]
Según los griegos, la inspiración supone que el poeta o artista alcanza un estado de
éxtasis o furor poeticus, el frenesí divino o locura poética. El artista es transportado más allá de su propia mente y recibe los pensamientos de los dioses. Platón, en Symposium 197a, Phaedrus 244, como también Teócrito, Píndaro, y Aristóteles (en Poetics) argumentan que el poeta se transporta temporariamente al mundo de la verdad o comprensión divina, y es esta visión la que lo obliga a crear. Por lo tanto, las invocaciones a las musas y otros varios dioses poéticos (en particular, Apolo y Dionisio) son auténticas plegarias en busca de inspiración, para recibir el aliento del dios. El único modelo substancialmente diferente de inspiración en el mundo clásico se encuentra en el Problemata (de autoría desconocida, pero de la escuela peripatética), el cual sugiere que el origen de la inspiración se encuentra en el desbalance entre los cuatro humores. Excepto por esa teoría, Virgilio, Ovidio, y especialmente Cicerón insisten, como los teóricos griegos antes que ellos, que la inspiración artística es un regalo de los dioses. Cicerón, no estaba satisfecho con la figuratividad que la palabra "inspiración" había adquirido y usaba en cambio el término afflatus.
La inspiración es previa a la conciencia y no está relacionada con la habilidad (ingenium en Latin). Técnica y destreza en la ejecución son independientes de la inspiración, y por lo tanto es posible que aún alguien que no es poeta se inspire, y para un poeta o un pintor no es suficiente con ser habil para lograr la inspiración.



En forma similar en la poesía hebrea, la inspiración es un tema de origen divino. En el libro de Amós, 3:8 el profeta habla de haber sido invadido por la voz de Dios y compelido a hablar. Sin embargo, la inspiración es también algo que para los profetas surge de la revelación, y en alguna medida los dos conceptos se encuentran entremezclados. La revelación es un proceso consciente, donde el escritor o pintor es consciente e interactúa con la visión, mientras que la inspiración es involuntaria y se recibe sin un entendimiento cabal de lo que está sucediendo. En el cristianismo, la inspiración es un regalo del Espíritu Santo. San Pablo dijo que toda la Biblia está inspirada por Dios (Timoteo 2), y los relatos de Pentecostés hablan del Espíritu Santo descendiendo con el sonido de un viento poderoso. Esta comprensión de "inspiración" es vital para aquellos que hacen una lectura literal de la Biblia, para ellos, los autores de las escrituras si son poseídos por la voz de Dios, no "filtrarían" ni interpondrían su visión personal en el texto. Para aquellos que entienden la "inspiración" como un fenómeno menos extático (menos platónica), la personalidad humana y puntos de vista del autor harían de mediadores de la palabra santa. Para los padres de la iglesia como San Jerónimo, David era el poeta perfecto, ya que sabía negociar entre el impulso divino y la conciencia humana.
En las
sociedades nórdicas, la inspiración también era asociada con un regalo de los dioses. En forma similar a la literatura, griega, latina y romántica, los bardos nórdicos eran inspirados por un estado mágico y divino, dándole luego forma de palabras con sus mentes conscientes. Su entrenamiento era un intento de aprender a modelar las fuerzas que estaban más allá de lo humano. En el relato del Venerable Beda de Caedmon, se combinan las tradiciones cristianas y germánicas tardías. Caedmon era un pastor sin ningún entrenamiento o habilidad en componer versos. Una noche, tuvo un sueño donde Jesús le pedía que cantara. Entonces compuso el Himno de Caedmon, y a partir de ese momento fue un gran poeta. La inspiración en la historia es el producto de la gracia: no es posible buscarla (pero si desearla), es incontrolable, e irresistible, y si bien la obra del poeta comprende en forma completa su mente y su cuerpo, es fundamentalmente un don.


En el siglo XVIII en Inglaterra, la psicología que estaba en sus comienzos competía con un renacimiento de la celebración de la naturaleza mística de la inspiración. El modelo de John Locke de la mente humana sugería que las ideas se asociaban entre sí y que una cuerda en la mente podía ser alcanzada por una idea resonante. Por lo tanto, la inspiración era en alguna medida un proceso azaroso pero completamente natural de asociación de ideas y pensamiento unísono repentino. Adicionalmente, la psicología de Locke sugería que un sentido natural o calidad de la mente permitía a las personas encontrar una unidad en las percepciones y discernir las diferencias en los grupos. Esta "fantasía"(fancy) e "ingenio, "(wit) como eran llamadas, eran facultades naturales y adquiridas que podían generar mayor o menor inspiración y percepción en poetas y pintores.
El modelo musical fue satirizado, junto con otros modelos de inspiración como el afflatus, y la "fantasía", por
Jonathan Swift en A Tale of a Tub. El narrador de Swift sugiere que la locura es contagiosa porque es una nota que puede activar las "cuerdas" en las mentes de los seguidores y que la diferencia entre un loco de Bedlam y un emperador era el "tono" de la idea del enfermo mental. Al mismo tiempo, satirizaba a los ministros protestantes radicales quienes predicaban mediante "inspiración directa." En sus textos, describe al púlpito ideal del disidente como un barril con una manguera que conecta la parte posterior del predicador a un conjunto de fuelles en la base, mediante los cuales el predicador podía ser inflado al punto de poder lograr gritar su inspiración a la congregación. Más aún, Swift veía a la fantasía como una característica irracional y de locura, donde, "una vez que la fantasía de un hombre sobrepasa su razón, ya no hay lugar para el sentido común."
Las teorías divergentes de la inspiración que Swift satirizó continuarían, coexistiendo, a través de los siglos 18 y 19. En su obra Conjeturas sobre la composición original
Edward Young desarrolló la base de una formulación romántica de la inspiración. Él decía que el genius es "el dios interno" del poeta al cual le porvee la inspiración. De esta forma, Young coincidía con los psicólogos que ubicaban a la inspiración dentro de la mente de las personas (y lejos del ámbito tanto de las cosas divinas o demoníacas) pero aún teniendo una cualidad supernatural. Genius era una fuente de inspiración inexplicable, posiblemente epiritual y posiblemente externa. En el esquema de Young, el genius era todavía de origen externo, pero los poetas románticos pronto ubicarían su origen dentro del poeta. Escritores románticos tales como Edgar Allan Poe (El principio poético), Ralph Waldo Emerson (El poeta), y Percy Bysshe Shelley veían la inspiración en términos similares a los griegos: era un tema de locura e irracionalidad. La inspiración se lograba porque el poeta se acoplaba a las "brisas" (divinas o místicas) y porque su concepción le permitía recibir ese tipo de visiones. Los relatos de Samuel Taylor Coleridge sobre la inspiración eran los más dramáticos, y su obra Arpa Eólica fue el mejor de muchos poemas que lo románticos escribirían comparando la poesía con una recepción pasiva y canalización natural de los aires divinos. La historia que el contó sobre la composición de Kubla Khan reduce al poeta al nivel de un escribiente. William Butler Yeats experimentaría y valoraría luego la escritura automática. La inspiración era la evidencia del genio, y el genio era algo que el poeta podía enorgullecerse de poseer, a pesar de que no podía alegar que lo había creado él.
 
Conceptos modernistas y modernos de inspiración [
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Sigmund Freud y otros psicólogos posteriores ubicaron a la inspiración en la psiquis interna del artista. La inspiración del artista era producto de un conflicto psicológico no resuelto o de un trauma de la niñez. Más aún, la inspiración podía originarse directamente en el subconsciente. En forma similar a la teoría romántica del genius y la noción resucitada del "frenesí poético," Freud veía a los artistas como especiales, y con heridas profundas.
Dado que Freud ubicaba la inspiración en el subconsciente, los artistas surrealistas buscaban esta forma de inspiración recurriendo a diarios de sueños y escritura automática, el uso de tableros Ouija y found poetry en un intento para penetrar en lo que ellos entendían era la verdadera fuente del arte. La teoría de Carl Jung de la inspiración reiteraba indirectamente el otro lado de la noción romántica de la inspiración al sugerir que un artista es alguien que se ha conectado ha algo impersonal, algo afuera de la experiencia individual: el artista de Jung con memoria racial es el más apto para sentir y expresar el conflicto entre la "sombra" primitiva y el
ego civilizado y to encode el arquetipo de la mente humana. Por lo tanto, nuevamente, la inspiración proviene de una especie de genius, dado que estas memorias están presentes en todas las personas (siendo por ello responsables del reconocimiento de los arquetipos y memorias al observar una obra de arte), pero únicamente el genius artístico puede obtener inspiración y memoria. Aquellos artistas que seguían las ideas de Jung ponían énfasis en el primitivismo y el estudio del arte previo a la existencia de la literatura y los mitos.
Las teorías
materialistas de la inspiración divergen entre las que consideran a las fuentes como puramente internas y las que abogan por fuentes puramente externas. Marx no trató el tema directamente, pero la teoría marxista del arte lo vé como una expresión de la fricción entre posiciones económicas de base y supestructurales, o como un diálogo no intencional de ideologías en competencia, o como la explotación de una "fisura" en la ideología de la clase en el poder. Por lo tanto, en aquellas escuelas de arte plenamente marxistas, tales como el realismo soviético, el pintor o poeta "inspirado" es también el poeta o pintor con mayor conciencia de clase, y el "formalismo" es explícitamente rechazado como decadente (por ejemplo, las últimas películas de Sergéi Eisenstein eran condenas como un "error formalista"). Fuera de las escuelas marxistas sustentadas por el estado, el marxismo ha mantenido su énfasis en la conciencia de clase del poeta o pintor inspirado, pero ha hecho sitio para lo que Frederic Jameson da en llamar una "inconsciencia política" que podría estar presente en la obra de arte. Sin embargo, en cada uno de estos casos, la inspiración proviene de que el artista este especialmente "en sintonía" para captar las señales de una crisis externa. En psicología moderna, la inspiración no es estudiada frecuentemente, pero se la considera un proceso completamente interno. Sea cual sea el modelo, sin embargo, empiricista o místico, la inspiración se encuentra por su propia naturaleza fuera de nuestro control.


La inspiración puede ser una cosa poderosa dentro del despertar espiritual. Puede mantenerte en pie cuando todos a tu alrededor gritan "Dejá!". Es incluso más potente que la motivación. La motivación te da razones básicas para seguir adelante. Pero la inspiración llena esas razones de esperanza. Pero, ¿En que consiste la inspiración? Ten en cuenta estos tres elementos: propósito, visión y misión.
1) Encontrar tu propósito es el primer elemento fundamental. Tu propósito es mayor que tu carrera, o incluso que tus sueños más locos.2) Una vez que descubras tu propósito, podes comenzar a tener una visión. Los Proverbios 29:18 dicen: "Donde no hay visión, la gente perecerá". Pero, ¿cómo se hace para obtener una visión y aumentar la
autoconfianza? En primer lugar, debes definir tu perspectiva. No puedes tratar de "dirigirte hacia todas las direcciones a la vez", por así decirlo. Trata de decidir qué es lo que estas buscando, de modo que sepas cuando lo veas.
Luego, trata de localizar y elegir una oportunidad (negocios, carrera o empleo) que piensas que es correcta para ti y que cumplirá tu propósito y, por lo tanto, con tu visión. Probablemente vas a tener recoger varios al principio y estudiar las cosas que cada uno ofrece y tratar de evaluar el potencial de cada uno de ellos en tu punto de vista. Quédate con el que sientas que tiene más potencial con la menor cantidad de molestias.
Una vez que la visión de tu sentido de propósito está implantada firmemente en tu mente, deja que se convierta en tu fuerza conductora. Deja que la visión te motive con la posibilidad de su cumplimiento y automáticamente pasarás al siguiente paso, encontrarte en una misión.
3)Tu misión es lograr la realización de la visión. Si mantienes la visión en mente, vas a avanzar en la misión, cumpliendo paso a paso con entusiasmo lo que es necesario para lograr que la visión se haga realidad. Vas a desarrollar un sentido de emoción, de importancia y de urgencia que se encargarán de mantener los fuegos de inspiración en tu corazón y harán que continúes hacia adelante.
Seguimos exponiendo la maestría del aquinate (Tomás de Aquino). En este punto, muy vigente hoy en día, la exposición de Tomás es de capital claridad; incluso incluye un indicativo de cuatro puntos los cuales, si se cumplen todos, se nos otorgará siempre lo que pedimos en nuestras oraciones. ¿Nos escucha Dios? ¿Nos da lo que pedimos? El texto corresponde a la
parte segunda de la segunda parte de la Suma Teológica, artículo 15, respuesta a la segunda objeción:
El mérito de la oración tiene como objeto principal, a veces, algo distinto de lo que pedimos: pues el mérito se ordena principalmente a la bienaventuranza, mientras que la petición que hacemos en la oración directamente se refiere, a veces, a algunas otras cosas, como consta por lo dicho (a.6). Por tanto, si esas otras cosas que alguien pide para sí no le van a ser útiles para conseguir la bienaventuranza, no sólo no las merece, sino que, a veces, por el mero hecho de pedirlas y desearlas, pierde el mérito: como en el caso de pedir a Dios el cumplimiento del deseo de pecar, modo de orar que nada tiene de piadoso. Otras veces lo que se pide no es necesario para la salvación eterna ni manifiestamente contrario a la misma. En este caso, aunque el orante puede merecer con su oración la vida eterna, no merece, sin embargo, la obtención de lo que pide. De ahí las palabras de San Agustín en el libro Sententiarum Prosperi: A quien pide a Dios con fe verse libre de las necesidades de esta vida, no menor misericordia es desoírle que escucharle. Lo que conviene al enfermo, mejor que él lo sabe el médico. Por esta razón precisamente, porque no le convenía, no fue escuchado San Pablo cuando pidió verse libre del aguijón de la carne. En cambio, si lo que se pide es útil para la bienaventuranza del hombre, como conducente a su salvación, se lo merece en este caso no sólo con la oración, sino también con las demás obras buenas. Recibe por eso, sin la menor duda, lo que pide; pero a su debido tiempo. A este propósito escribe San Agustín, Super lo.: Algunas cosas no se las niega, sino que se las aplaza, para darlas en el momento oportuno. Y aun esto puede frustrarse si no se pide con perseverancia. Es por lo que dice San Basilio : La razón por la que a veces pides y no recibes es porque pides de mala manera, o sin fe, o con ligereza, o lo que no te conviene, o sin perseverancia. Ahora bien: puesto que un hombre no puede merecer con mérito de condigno la vida eterna para otro, como antes se dijo (1-2 q.114 a.6), tampoco, lógicamente, puede merecer en algún caso para otros con mérito de condigno lo que a ella conduce. Por esta razón, no siempre es escuchado quien ruega por otro, como antes se dijo (a.7 ad 2).Se ponen, en consecuencia, cuatro condiciones para que, si se dan juntas, uno reciba siempre lo que pide, a saber: pedir por sí mismo, pedir cosas necesarias para la salvación, hacerlo con piedad y con perseverancia.



ACTITUD CREATIVA

La actitud creativa termina con los lamentos y las excusas. Es calidad de percepción, acción inteligente que nos permite superar los conflictos con la riqueza de alternativas que nos ofrece cada situación.
La creatividad despierta el poder que duerme en nuestra imaginación; es osadía, aventura para descubrir y aprender de los cambios; es respuesta hábil, no impotencia explicada o reclamo por lo que nos falta.
Hace años, un supervisor visitó una escuela primaria. En su recorrida observó algo que le llamó poderosamente la atención: una maestra estaba atrincherada atrás de su escritorio, los alumnos hacían gran desorden; el cuadro era caótico.
Decidió presentarse:
- "Permiso, soy el supervisor de turno...¿algún problema?" - "Estoy abrumada señor, no se qué hacer con estos chicos... No tengo láminas, el Ministerio no me manda material didáctico, no tengo nada nuevo que mostrarles ni qué decirles..." El supervisor, que era un docente de alma, vió un corcho en el desordenado escritorio. Lo tomó y con aplomo se dirigió a los chicos: - "¿Qué es esto?" - "Un corcho señor"... gritaron los alumnos sorprendidos. - "Bien, ¿De dónde sale el corcho?" - "De la botella señor. Lo coloca una máquina...", "del alcornoque, de un árbol .... "de la madera...", respondían animosos los niños. - "¿Y qué se puede hacer con madera?", continuaba entusiasta el docente. - "Sillas...", "una mesa...", "un barco..." - "Bien, tenemos un barco. ¿Quién lo dibuja? ¿Quién hace un mapa en el pizarrón y coloca el puerto más cercano para nuestro barquito? Escriban a qué provincia argentina pertenece. ¿Y cuál es el otro puerto más cercano? ¿A qué país corresponde? ¿Qué poeta conocen que allí nació? ¿Qué produce esta región? ¿Alguien recuerda una canción de este lugar?" Y comenzó una tarea de geografía, de historia, de música, economía, literatura, religión, etc.
La maestra quedó impresionada. Al terminar la clase le dijo conmovida: - "Señor, nunca olvidaré lo que me enseñó hoy. Muchas Gracias".
Pasó el tiempo. El supervisor volvió a la escuela y buscó a la maestra. Estaba acurrucada atrás de su escritorio, los alumnos otra vez en total desorden... - "Señorita...¿Qué pasó? ¿No se acuerda de mí?" - "Sí señor, ¡cómo olvidarme! Qué suerte que regresó. No encuentro el corcho ¿Dónde lo dejó?"


Existe el verdadero amor?
Pareciera que nuestra vida de relaciones está signada por el desencuentro. Una y otra vez solemos caer en ese abismo social de la soledad, el desencanto, el sentimiento doloroso de ""rama caída"", de desaliento y quiebre personal.
Es entonces cuando el abandono parece ser el estado propio de toda condición humana, y las cavilaciones reiteran una pregunta recurrente: ¿existe el verdadero amor?
Solamente el fuego creador del amor es capaz de brindar esa elevación de plenitud, unidad y compañía, que borre definitivamente toda cicatriz de dolor. Todo atisbo de sufrimiento inútil.
He recibido un mensaje anónimo que responde esta pregunta con seguridad garantida. Para que la solución feliz aparezca es indispensable receptividadInterna; solamente con ella se puede recibir alegremente la sanación pedida.
Al doloroso cuestionamiento; ¿existe el verdadero amor?, una voz interna, compasiva y serena, siempre presente, de lealtad neta, contesta:
El mejor regalo que podemos hacer al ser amado es nuestra propia realización personal, la calidad de vida que nos permitimos vivir, abundantemente, en nosotros mismos.
No se trata de convocar con la queja a alguien para llorar a dúo. El amor, como la alegría, no pierde tiempo en lamentos. No desaprovecha cada oportunidad.
Es el aspecto perla del verdadero amor
.

EL ALMA

El alma no es el cuerpoNos enseñaron desde niños cómo se forma un cuerpo.Sus órganos, sus huesos, sus funciones sus sitios.Pero nunca supimos de qué estaba hecha el alma.¿Será de sentimientos, de ensueños, de esperanzas?¿De emociones, de tirrias, de estupores.?Lo cierto es que, ignorada, el alma arde en su fuego.Tiene espasmos oscuros, punzadas de ternuras, suburbios de delirio.¿Será tal vez una inquilina del corazón? ¿O viceversa?Entre ellos no hay fronteras ¿O será la asesora principal de la mente?¿O viceversa?Entre ellas no hay disputa. O será capataz de la pobre conciencia?¿O viceversa?Entre ellas no hay acuerdo.El alma tiene hambres y cuando está famélicaPuede herir, puede armarse de enconos o de furias.No hay que pensar que el alma es un tul de inocencia
ajeno a los agravios que sufren cuerpo y almaEn el alma se forman abscesos de rencores,
tumores de impaciencia, hernias de desamparoEl problema es que no hay cirujanos del alma, ni siquiera herbolariosEl alma es un secreto, una noción, una nube que suele anunciar llantoPero después de tantas búsquedas, de pesquisas inútiles y de adivinacionesNos queda apenas una certidumbre:Que el alma no es el cuerpoQue el cuerpo muere....Y... el alma?...



C A B A L L O S...



Símbolo complejo y ambivalente, para Eliade es animal etonico funerario, para Stienon es símbolo del movimiento cíclico de la vida, lo cierto es que en la memoria de todos los pueblos se le asocia a las tinieblas del mundo etonico del cual surge siendo portador de vida o muerte. El análisis ve en el caballo el símbolo del psiquismo inconsciente o la mente no animal, memoria del mundo y del tiempo, de color blanco representaría el instinto dominado, controlado.
En el Asia Central se conserva en la tradición y la literatura la imagen del caballo etonico, cuyos poderes misteriosos suplen a los del hombre, allí donde los de este se detienen, en el umbral de la muerte.
Mit. griega , Aquiles sacrifica cuatro yeguas en la pira funeraria de su amigo Patroclo para que le conduzcan por el reino del Hades.
En el entorno de Dionisos abundan las figuras hipomorficas. Pegaso es el caballo celeste portador del rayo de Zeus.
En china en los antiguos ritos de iniciación de la adolescencia, a los neófitos se les llamaba potros, el caballo instruye al hombre , el instinto aclara la mente.
En oriente, tanto en los textos búdicos como en los hindúes, los caballos son sobre todo símbolo de los sentidos enganchados al carro del espíritu, que lo lleva de acá para allá, a no ser que el guía (la consciencia) dirija su marcha.
La iniciación caballeresca occidental del medioevo, registra analogías con la simbólica del caballo, su arquetipo es la lucha de Beleorofonte montado en Pegaso contra la quimera.
En su aspecto negativo los caballos se consideran una kratofania de la muerte, una manifestación dela muerte como lo serían la guadaña o el esqueleto, son abundantes en este sentido las apariciones en la literatura y cultura occidentales: la erinia Demeter de Arcadia se la representa con cabeza de caballo, era la ejecutora de la justicia infernal. Las harpías a la vez mujeres pájaro y yeguas ,una de ellas es la madre los caballos de Aquiles.
En el libro de los sueños de Artemidoro si un enfermo sueña con un caballo es presagio de muerte.
Así en Inglaterra y Alemania se pensaba de la misma manera.
En resumen, la tremenda afluencia de referencias al símbolo del caballo en todas las culturas del mundo, hace pensar que el caballo constituye uno de los arquetipos fundamentales que la humanidad haya inscrito en su memoria.
Representa el poder ascensional de las fuerzas naturales, la capacidad innata de espiritualización, de transformación del mal en bien












Los nombres de los caballos de la historia
La Historia de la Humanidad es también la historia del caballo, el animal más bello de la creación y el que, sin duda, prestó más y mejores servicios al hombre, como lo demuestra cualquier pasaje o cualquier página de cualquier año y cualquier siglo.
Ya decía Rubén Darío que "No se concibe a Alejandro Magno sin "Bucéfalo"; al Cid, sin "Babieca"; ni puede haber Santiago en pié, Quijote sin "Rocinante", ni poeta sin "Pegaso".
Pero la verdad es que Rubén Darío se quedó corto, pues aparte de los caballos por el nombrados hay todavía muchos nombres célebres de los que aquí vamos a hacer mención y que dejaron su huella en la Historia del Hombre.
Pegaso: El caballo de los dioses
"Pegaso" fue el primer caballo que consiguió estar entre los dioses de la Mitología Griega y tratar de tú a los habitantes del Olimpo. Pegaso era el caballo de Zeus, el dios soberano y amo del Cielo y la Tierra.
Según los esquemas de la Mitología el "caballo volador" nació del chorro de sangre que brotó cuando Perseo cortó la cabeza a Medusa y gracias a él pudo libertar el héroe a Andrómeda, la hija del rey de Etiopía, que quiso disputar a las Nereidas el premio de la hermosura y fue atada a una roca para que la devorase un monstruo marino …….y que después haría su esposa.
"Pegaso", creció y vivió sus años de potro en las laderas y los verdes prados del monte Olimpo, morada de los dioses, que estaba situado entre Tesalia y Macedonia (Hoy monte Olimbos)…y era un bello ejemplar del tipo "sículo", cruce del ario y del persa, de color blanco y gran poderío. Estaba dotado de alas y volaba por los aires, cuando no corría "como el viento" por la tierra.
"Pegaso" fue el caballo más rápido que ha existido y el símbolo de la velocidad…como los demuestran los cantos inmortales que en su honor entonaron los poetas de todos los tiempos. Pero, además, fue también el primer medio de comunicación y transporte que se elevó por los aires. De ahí las numerosas fábulas que le atribuyeron los griegos y el lugar destacado que ocupa en la mitología y en la historia del caballo. Aunque no fuese un caballo de carne y hueso.
Janto: El caballo de Aquiles
Después de "Pegaso", el caballo de los dioses, no hay más remedio que hablar de "los caballos de la Ilíada", ya que sin ellos no se concibe la obra de Homero…ni la guerra de Troya.
"Janto" junto con "Balio" formaban la pareja de "caballos inmortales" que Peleo recibió al casarse con la nereida Tetis, de cuya unión nació Aquiles. La yegua que los parió se llamaba "Podarga".
Se asegura de "Janto" que, aunque de origen divino e inmortal, era un caballo negro y de pura sangre persa, que tenía tres años y estaba dotado de patas especialmente vigorosas que le capacitaban para correr a mayor velocidad que la mayor parte de sus congéneres. Por su parte, "Balio" era de color blanco e igualmente rápido. Esta rapidez de ambos era lo que impedía que Aquiles pudiera uncir a su carro otros dos caballos que era lo habitual entre los griegos.
Bucéfalo: El caballo de Alejandro Magno
Se llamaba "Bucéfalo" y era el caballo del gran Alejandro Magno, sin duda el general más grande de la Historia (¡el que jamás perdió una batalla y construyó un imperio!) y el "hombre de Estado" más genial de su tiempo.
Alejandro fue el hijo primogénito del rey de Macedonia, Filipo II, el creador de la famosa "falange macedónica", que revolucionó el arte de la guerra y el que logró unificar las ciudades-Estado de Grecia, salvo Esparta. Alejandro nació en el año 356 A.C. y tuvo como profesor de estudios al gran Aristóteles. A los dieciséis años, Alejandro guerreaba ya como un experto y hacía de "regente" en ausencia de su padre. Dos años más tarde era el jefe de la caballería. A los veinte años subió al trono y fue rey hasta su muerte, acaecida trece años más tarde.
Según la leyenda fue en sus tiempos de jefe de la caballería cuando pidió a su padre que le proporcionase "caballos de Tesalia" por ser los mejores del mundo para la guerra. Y eso hizo el rey Filipo.
"Bucéfalo" que era de color negro azabache y una estrella blanca en la frente con forma de "cabeza de buey", despertaba el asombro de todos por su belleza, su poderío y su rebeldía….
Cuenta Plutarco en "Vidas paralelas: Alejandro y César" que el encuentro entre Alejandro y "Bucéfalo" se produjo de la siguiente manera: "Trajo un tesalino llamado Filónico el caballo Bucéfalo para venderlo a Filipo en trece talentos, y habiendo bajado a un descampado para probarlo pareció áspero y enteramente indómito, sin admitir jinete ni sufrir la voz de ninguno de los que acompañaban a Filipo, sino que a todos se les ponía de manos. Desagradóle a Filipo y dio orden de que se lo llevaran por ser fiera e indócil; pero Alejandro, que se hallaba presente dijo:
-Qué caballo nos perdemos!¡Y todo por no tener conocimientos ni resolución para manejarlo!
A lo que replicó Filipo, algo molesto por la suficiencia de su hijo:
-¿Acaso tú lo manejarías mejor que estos que tienen más años y más experiencia que tú?
-Por supuesto que sí; a este ya se ve que lo manejaré mejor que nadie -respondió Alejandro.
-¿y cuál ha de ser la pena de tu temeridad -preguntó Filipo- si no lo consigues?
-¡Por Zeus -exclamó el joven- , pagaré el precio del caballo!
Echáronse a reír y convenidos en la cantidad, marchó al punto adonde estaba el caballo, tomóle por las riendas y, volviéndole, le puso frente al sol, pensando, según parece, que el caballo, por ver su sombra, que caía y se movía junto a sí, era por lo que se inquietaba. Pásolo después la mano y le halagó por un momento, y viendo que tenía fuego y bríos, se quitó poco a poco el manto, arrojándolo al suelo, y de un salto montó en él sin dificultad. Tiró un poco al principio del freno, y sin castigarle y aún tocarle le hizo estarse quieto. Cuando ya vio que no ofrecía riesgo, aunque hervía por correr, le dio rienda y le agitó usando de voz fuerte y aplicándole los talones. Filipo y los que con él estaban tuvieron al principio mucho cuidado y se quedaron en silencio; pero cuando le dió la vuelta con facilidad y soltura, mostrándose contento y alegre, todos los demás prorrumpieron en voces de aclamación. Más del padre se refiere que lloró de gozo, y que besándole en la cabeza luego que se apeó le dijo:
-¡Hijo mío, busca un reino igual a ti, porque en la Macedonia no cabes!"
Alejandro salió de Grecia para hacer el imperio más grande de la antigüedad…y siempre a lomos de "Bucéfalo", el caballo más rápido y resistente que ha existido. Entre ambos, construyeron un imperio de más de veinte millones de kilómetros cuadrados.
Strategos: El caballo de Aníbal
Aníbal fue el hijo de Amílcar Barca, el general cartaginés que conquistó España para Cartago, y vivió entre los años 247 y 183 A.C. Aníbal fue un gran jefe militar, sin embargo, lo que le elevó a la categoría de "mito universal" fue su hazaña de atravesar los Alpes con un ejército de más de cincuenta mil hombres, diez mil jinetes y medio centenar de elefantes…y vencer a los romanos en su propio feudo.
"Strategos" -en griego "General"- fue "el caballo de los Alpes", aquel con el que culminó la hazaña del gran Ejército y los elefantes. Al parecer, era un caballo impresionante, de gran alzada y color negro azabache, inquieto, agresivo en la carrera y fácilmente manejable en el combate (y no hay que olvidar que los cartagineses montaban sus caballos sin freno, sin bocado y muchas veces sin bridas). que se había hecho traer de la Tesalia griega en un afán de imitar a su gran ídolo juvenil: Alejandro Magno.
Incitatus: El caballo de Caligula
Los romanos nunca fueron especialistas en caballería, ni fue ésta el eje de sus ejércitos, pues Roma confió siempre más en sus famosas legiones que en sus jinetes; Sin embargo, Roma hizo del caballo su animal predilecto, y de las carreras de caballos su deporte favorito.
De todos los caballos de Roma, incluyendo el de Julio César, el más famoso, sin duda, es el del emperador Calígula. Cayo César Augusto Germánico, que estos eran los verdaderos nombres de Calígula, fue el segundo de los llamados "emperadores locos" (los otros fueron Tieberio, Claudio y Nerón) y reinó desde el año 37 al año 41 de nuestra era cristiana.
Se llamaba "Incitatus", es decir, "Impetuoso", y al parecer era de origen hispano, lo cual no sorprende, pues Roma importaba cada año de Hispania alrededor de 10,000 caballos. Calígula, por lo visto, llegó a adorar a la noble bestia hasta el punto de que mandó construir para él una caballeriza de mármol y un pesebre de marfil…y más tarde una casa-palacio con servidores y mobiliario de lujo para que recibiese a las personas que le mandaba como invitados.
La leyenda asegura que el joven emperador comía y dormía en los establos, junto al caballo, los días de las carreras…, y para que nada ni nadie turbase al equino, ya desde la víspera decretaba el "silencio general" de toda la ciudad bajo pena de muerte a quien no lo respetase.
Se cuenta que en una de aquellas carreras, a pesar de todo, perdió "Incitatus" y que Calígula no pudo contenerse y mandó matar al osado auriga, pero diciéndole al verdugo aquello de "Mátalo lentamente para que se sienta morir".
Genitor: El caballo de Julio César
Caballo extraordinario, casi con pies de hombre y con pezuñas hinchadas a manera de dedos, el cual, nacido en su casa, habiendo los arúspices predicho que su dueño tendría el imperio del mundo, lo alimentó con gran cuidado y fue el primero en montarlo, al no consentir ningún otro jinete; más tarde hizo levantar incluso una estatua de éste delante del templo de Venus Genetrix.
Parece ser que "Génitor" -o sea, creador, padre o reproductor- fue llamado así por César en recuerdo de su padre muerto, cuando tan sólo tenía él catorce o quince años.
Con este caballo de "pies de hombre" fue con el que pasó el Rubicón cuando la noche del 12 de Enero del año 50 A.C. (calendario "Juliano") se decidió por la guerra civil y la conquista del Poder.
Lazlos: El caballo del desierto
"Lazlos" fue el primer caballo real que tuvo Mahoma, el caballo que precedió a la "espada"…aquel caballo que le regaló el gobernador del Egipto en los primeros años de la Egira.
Con este caballo hizo Mahoma su primera peregrinación real a La Meca, aunque sin abandonar todavía su camello favorito ("Al Qaswá"). Es más, se dice que fue este espléndido animal el que inspiró a Mahoma su gran pasión y su amor por los caballos, y especialmente por las yeguas….y el que le movió a escribir y proclamar "El diablo nunca osará entrar en una tienda habitada por un caballo árabe".
Más tarde, y preocupado por la supervivencia "pura" de la raza equina, escribiría en el mismísimo Corán esta máxima: "Cuantos más granos de cebada proporciones a tu caballo, más pecados te serán perdonados…", lo cual justifica con creces la relación hombre-caballo, que duró trece siglos, y la grandeza del caballo "Árabe", el más bello y hermoso de los caballos del Mundo

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Amor en el arte...EN-AMOR-ARTE

LIV - Amor y arte.
Pero si toda aptitud y vocación obedece, como a eficacia de conjuro, al estímulo que el amor despierta, ningún don del alma responde con tal solicitud a sus reclamos y se hace tan íntimo con él, como el don del poeta y el artista: el que tiene por norte sentir y realizar lo hermoso. Bajo la materna idea de belleza, amor y poesía se hermanan. Anhelo instintivo de lo bello, e impulso a propagar la vida, mediante el señuelo de lo bello: esto es amor; y de este mismo sentimiento de belleza, cuando le imprime finalidad el deseo de engendrar imaginarías criaturas que gocen tan propia y palpitante vida como las que el amor engendra en el mundo, fluyen las fuentes de la poesía y el arte. Amor es polo y quintaesencia de la sensibilidad, y el artista es la sensibilidad hecha persona. Amor es exaltación que traspasa los límites usuales del imaginar y el sentir, y a esto llamamos inspiración en el poeta. Allí donde haya arte y poesía; allí donde haya libros, cuadros, estatuas, o imágenes de estas cosas en memoria escogida, no será menester afanar por mucho tiempo los ojos o el recuerdo para acertar con la expresión del amor, porque lo mismo en cuanto a las genialidades y reconditeces del sentimiento, que el arte transparenta, que en cuanto a los casos y escenas de la vida que toma para sí y hace plásticos en sus ficciones, ningún manantial tan copioso como el que del seno del amor se difunde.
Quien ama es, en lo íntimo de su imaginación, poeta y artista, aunque carezca del don de plasmar en obra real y sensible ese divino espíritu que lo posee. La operación interior por cuya virtud la mente del artista recoge un objeto de la realidad, y lo acicala, pule y perfecciona, redimiéndole de sus impurezas, para conformarlo a la noción ideal que columbra en el encendimiento de la inspiración, no es fundamentalmente distinta de la que ocupa y abstrae a toda hora el pensamiento del amante, habitador, como el artista, del mundo de los sueños. Por espontánea e inconsciente actividad, que no se da punto de reposo, el alma enamorada transfigura la imagen que reina en el santuario de sus recuerdos; la hace mejor y más hermosa que en la realidad; añádele, por propia cuenta, excelencias y bendiciones, gracias y virtudes; aparta de entre sus rasgos los que en lo real no armonizan con el conjunto bello; y verifica de este modo una obra de selección, que compite con la que genera las criaturas nobles del arte; por lo cual fue doctrina de la antigua sabiduría que el amor que se tiene a un objeto por hermoso, no es sino el reconocimiento de la hermosura que en uno mismo se lleva, de la beldad que está en el alma, de donde trasciende al objeto, que sólo por participación de esta beldad de quien le contempla, llega a ser hermoso, en la medida en que lo es el contemplador. ¿Cabe que gane más el objeto real al pasar por la imaginación del poeta que lo amado al filtrarse en el pensamiento del amante? ¿Hay pincel que con más pertinacia y primor acaricie y retoque una figura; verso o melodía que más delicadamente destilen la esencia espiritual de un objeto, que el pensamiento del amante cuando retoca e idealiza la imagen que lleva esculpida en lo más hondo y preferido de sí?...
A menudo este exquisito arte interior promueve y estimula al otro: aquel que se realiza exteriormente por obras que conocerán y admirarán los hombres; a menudo la vocación del poeta y el artista espera, para revelarse, el momento en que el amor hace su aparición virgínea en el alma, ya de manera potencial, incierto aún en cuanto a la elección que ha de fijarle, pero excitado, en inquietud difusa y soñadora, por la sazón de las fuerzas de la naturaleza; ya traído a luz por objeto determinado y consciente, por la afinidad irresistible y misteriosa que enlaza, en un instante y para siempre, dos almas. Como al descender el Espíritu sobre su frente, se infundió en los humildes pescadores el don de lenguas no aprendidas, de igual manera el espíritu de amor, cuando embarga e inspira al alma adolescente, suele comunicarla el don del idioma divino con que rendir a su dueño las oblaciones del corazón y suscitar, como eco de ellas, los votos y simpatías de otras almas, entre las que propaga la imagen de su culto. Con las visiones y exaltaciones de amor que refieren las páginas de la Vita nuova mézclanse las nacientes de la inspiración del Dante, desde que, tras aquel simbólico sueño que en el tercer parágrafo del libro le cuenta, nace el soneto primogénito:
A ciascun alma presa e gentil core...
Del sortilegio que la belleza de doña Catalina de Ataide produce en el alma de Camoens, data el amanecer de su vocación poética; como el de la de Byron, de la pasión precoz que la apariencia angélica de Margarita Parker enciende en su corazón de niño. Si la indignación, por quien Juvenal llegó a hacer versos, despierta antes el estro vengador de Arquíloco, esta indignación es el rechazo con que un amor negado a la esperanza vuelve su fuerza en el sentido del odio. Aun en el espíritu vulgar, raro será que, presupuesto cierto elemental instinto artístico, la primera vibración de amor que hace gemir las fibras del pecho no busque traducirse en algún efímero impulso a poetizar, que luego quedará desvanecido y ahogado por la prosa de la propia alma y por la que el alma recoge en el tránsito del mundo; pero no sin dejar de sí el testimonio de aquellos pobres versos, inocentes y tímidos, que acaso duran todavía, en un armario de la casa, entre papeles que amortigua el tiempo, como esas flores prensadas entre las hojas de los libros; o si de alma simple y rústica se trata, el testimonio de la canción ingenua, no exenta a veces de misterioso hechizo, que, al compás de una vihuela tañida por no menos cándida afición, lleva el viento de la noche, mezclada con el aroma de los campos... Así como, en lo material del acento, la voz apasionada tiende naturalmente a reforzar su inflexión musical, así en cuanto a la forma de expresión, el alma que un vivo sentimiento caldea, propende por naturaleza a lo poético, a lo plástico y figurativo. ¡Cuántas cartas marchitas e ignoradas merecerían exhumarse del arca de las reliquias de amor, para mostrar cómo del propio espíritu inmune de toda vanidad literaria y nada experto en artes de estilo, arranca la inspiración del amor tesoros de sencilla hermosura y de expresión vibrante y pintoresca, que emulan los aciertos de la aptitud genial!
Amor es revelación de poesía; magisterio que consagra al poeta; visitación por cuyo medio logra instantes de poeta quien no lo es; y en la misma labor de la mente austera y grave, en la empresa del sabio y el filósofo, de él suele proceder la fuerza que completa la unidad armoniosa de la obra del genio, añadiendo a las síntesis hercúleas del saber y a las construcciones del entendimiento reflexivo, el elemento inefable que radica en las intuiciones de la sensibilidad: la parte de misterio, de religión, de poesía, de gracia, de belleza, que en la grande obra faltaba, y que después de un amor, real o soñado, se infunde en ella, para darle nueva vida y espíritu, nuevo sentido y trascendencia: como cuando la memoria de Clotilde de Vaux, obrando, a modo de talismánico prestigio, sobre el alma de Comte, hace transfigurarse el tono de su pensamiento y dilatarse los horizontes de su filosofía con la perspectiva ideal y religiosa, que hasta entonces había estado ausente de ella, y que por comunicación del amor, el antes árido filósofo descubre y domina, llegando casi a la unción del hierofante.
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http://www.amorenarte.com.ar/PrincipalF.html

AM-ARTE

EL ARTE DE AMAR
Autor: Erich Fromm
CAPÍTULO I. ¿ES EL AMOR UN ARTE?
Quien no conoce nada, no ama nada. Quien no puede hacer nada, no comprende nada. Quien nada comprende, nada vale. Pero quien comprende también ama, observa, ve... Cuanto mayor es el conocimiento inherente a una cosa, más grande es el amor... Quien cree que todas las frutas maduran al mismo tiempo que las frutillas nada sabe acerca de las uvas.
PARACELSO
¿Es el amor un arte? En tal caso, requiere conocimiento y esfuerzo. ¿O es el amor una sensación placentera, cuya experiencia es una cuestión de azar, algo con lo que uno "tropieza" si tiene suerte? Este libro se basa en la primera premisa, si bien es indudable que la mayoría de la gente de hoy cree en la segunda.
No se trata de que la gente piense que el amor carece de importancia. En realidad, todos están sedientos de amor; ven innumerables películas basadas en historias de amor felices y desgraciadas, escuchan centenares de canciones triviales que hablan del amor, y, sin embargo, casi nadie piensa que hay algo que aprender acerca del amor.
Esa peculiar actitud se basa en varias premisas que, individualmente o combinadas, tienden a sustentarla. Para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar. De ahí que para ellos el problema sea cómo lograr que se los ame, cómo ser dignos de amor. Para alcanzar ese objetivo, siguen varios caminos. Uno de ellos, utilizado en especial por los hombres, es tener éxito, ser tan poderoso y rico como lo permita el margen social de la propia posición. Otro, usado particularmente por las mujeres, consiste en ser atractivas, por medio del cuidado del cuerpo, la ropa, etc. Existen otras formas de hacerse atractivo, que utilizan tanto los hombres como las mujeres, tales como tener modales agradables y conversación interesante, ser útil, modesto, inofensivo. Muchas de las formas de hacerse querer son iguales a las que se utilizan para alcanzar el éxito, para "ganar amigos e influir sobre la gente". En realidad, lo que para la mayoría de la gente de nuestra cultura equivale a digno de ser amado es, en esencia, una mezcla de popularidad y sex-appeal.
La segunda premisa que sustenta la actitud de que no hay nada que aprender sobre el amor, es la suposición de que el problema del amor es el de un objeto y no de una facultad. La gente cree que amar es sencillo y lo difícil encontrar un objeto apropiado para amar -o para ser amado por él-. Tal actitud tiene varias causas, arraigadas en el desarrollo de la sociedad moderna. Una de ellas es la profunda transformación que se produjo en el siglo veinte con respecto a la elección del "objeto amoroso". En la era victoriana, así como en muchas culturas tradicionales, el amor no era generalmente una experiencia personal espontánea que podía llevar al matrimonio. Por el contrario, el matrimonio se efectuaba por un convenio -entre las respectivas familias o por medio de un agente matrimonial, o también sin la ayuda de tales intermediarios; se realizaba sobre la base de consideraciones sociales, partiendo de la premisa de que el amor surgiría después de concertado el matrimonio-. En las últimas generaciones el concepto de amor romántico se ha hecho casi universal en el mundo occidental. En los Estados Unidos de Norteamérica, si bien no faltan consideraciones de índole convencional, la mayoría de la gente aspira a encontrar un "amor romántico", a tener una experiencia personal del amor que lleve luego al matrimonio. Ese nuevo concepto de la libertad en el amor debe haber acrecentado enormemente la importancia del objeto frente a la de la función.
Hay en la cultura contemporánea otro rasgo característico, estrechamente vinculado con ese factor. Toda nuestra cultura está basada en el deseo de comprar, en la idea de un intercambio mutuamente favorable. La felicidad del hombre moderno consiste en la excitación de contemplar las vidrieras de los negocios, y en comprar todo lo que pueda, ya sea al contado o a plazos. El hombre (o la mujer) considera a la gente en una forma similar. Una mujer o un hombre atractivos son los premios que se quiere conseguir. "Atractivo" significa habitualmente un buen conjunto de cualidades que son populares y por las cuales hay demanda en el mercado de la personalidad. Las características específicas que hacen atractiva a una persona dependen de la moda de la época, tanto física como mentalmente. Durante los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial, una joven que bebía y fumaba, emprendedora y sexualmente provocadora, resultaba atractiva; hoy en día la moda exige más domesticidad y recato. A fines del siglo XIX y comienzos de éste, un hombre debía ser agresivo y ambicioso -hoy tiene que ser sociable y tolerante- para resultar atractivo. De cualquier manera, la sensación de enamorarse sólo se desarrolla con respecto a las mercaderías humanas que están dentro de nuestras posibilidades de intercambio. Quiero hacer un buen negocio; el objeto debe ser deseable desde el punto de vista de su valor social y, al mismo tiempo, debo resultarle deseable, teniendo en cuenta mis valores y potencialidades manifiestas y ocultas. De ese modo, dos personas se enamoran cuando sienten que han encontrado el mejor objeto disponible en el mercado, dentro de los límites impuestos por sus propios valores de intercambio. Lo mismo que cuando se compran bienes raíces, suele ocurrir que las potencialidades ocultas susceptibles de desarrollo desempeñan un papel de considerable importancia en tal transacción. En una cultura en la que prevalece la orientación mercantil y en la que el éxito material constituye el valor predominante, no hay en realidad motivos para sorprenderse de que las relaciones amorosas humanas sigan el mismo esquema de intercambio que gobierna el mercado de bienes y de trabajo.
El tercer error que lleva a suponer que no hay nada que aprender sobre el amor, radica en la confusión entre la experiencia inicial del "enamorarse" y la situación permanente de estar enamorado, o, mejor dicho, de "permanecer" enamorado. Si dos personas que son desconocidas la una para la otra, como lo somos todos, dejan caer de pronto la barrera que las separa, y se sienten cercanas, se sienten uno, ese momento de unidad constituye uno de los más estimulantes y excitantes de la vida. Y resulta aún más maravilloso y milagroso para aquellas personas que han vivido encerradas, aisladas, sin amor. Ese milagro de súbita intimidad suele verse facilitado si se combina o inicia con la atracción sexual y su consumación. Sin embargo, tal tipo de amor es, por su misma naturaleza, poco duradero. Las dos personas llegan a conocerse bien, su intimidad pierde cada vez más su carácter milagroso, hasta que su antagonismo, sus desilusiones, su aburrimiento mutuo, terminan por matar lo que pueda quedar de la excitación inicial. No obstante, al comienzo no saben todo esto: en realidad, consideran la intensidad del apasionamiento, ese estar "locos" el uno por el otro, como una prueba de la intensidad de su amor, cuando sólo muestra el grado de su soledad anterior.
Esa actitud -que no hay nada más fácil que amar- sigue siendo la idea prevaleciente sobre el amor, a pesar de las abrumadoras pruebas-de lo contrario. Prácticamente no existe ninguna otra actividad o empresa que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectaciones, y que, no obstante, fracase tan a menudo como el amor. Si ello ocurriera con cualquier otra actividad, la gente estaría ansiosa por conocer los motivos del fracaso y por corregir sus errores -o renunciaría a la actividad-. Puesto que lo último es imposible en el caso del amor, sólo parece haber una forma adecuada de superar el fracaso del amor, y es examinar las causas de tal fracaso y estudiar el significado del amor.
El primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Si deseamos aprender a amar debemos proceder en la misma forma en que lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte, música, pintura, carpintería o el arte de la medicina o la ingeniería.
¿Cuáles son los pasos necesarios para aprender cualquier arte?
El proceso de aprender un arte puede dividirse convenientemente en dos partes: una, el dominio de la teoría; la otra, el dominio de la práctica. Si quiero aprender el arte de la medicina, primero debo conocer los hechos relativos al cuerpo humano y a las diversas enfermedades. Una vez adquirido todo ese conocimiento teórico, aún no soy en modo alguno competente en el arte de la medicina. Sólo llegaré a dominarlo después de mucha práctica, hasta que eventualmente los resultados de mi conocimiento teórico y los de mi práctica se fundan en uno, mi intuición, que es la esencia del dominio de cualquier arte. Pero aparte del aprendizaje de la teoría y la práctica, un tercer factor es necesario para llegar a dominar cualquier arte -el dominio de ese arte debe ser un asunto de fundamental importancia; nada en el mundo debe ser más importante que el arte. Esto es válido para la música, la medicina, la carpintería y el amor-. Y quizá radique ahí el motivo de que la gente de nuestra cultura, a pesar de sus evidentes fracasos, sólo en tan contadas ocasiones trata de aprender ese arte. No obstante el profundo anhelo de amor, casi todo lo demás tiene más importancia que el amor: éxito, prestigio, dinero, poder; dedicamos casi toda nuestra energía a descubrir la forma de alcanzar esos objetivos y muy poca a aprender el arte del amor.
¿Sucede acaso que sólo se consideran dignas de ser aprendidas las cosas que pueden proporcionarnos dinero o prestigio, y que el amor, que "sólo" beneficia al alma, pero que no proporciona ventajas en el sentido moderno, sea un lujo por el cual no tenemos derecho a gastar muchas energías? Sea como fuere, este estudio ha de referirse al arte de amar en el sentido de las divisiones antes mencionadas: primero, examinaré la teoría del amor -lo cual abarcará la mayor parte del libro-, y luego analizaré la práctica del amor, si bien es muy poco lo que puede decirse sobre la práctica de éste como en cualquier otro campo
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AM-ARTE por Vanesa Alessandroni
Crearé los espacios ... Distinguiré lo confuso y marcharé tras el afán de lo imposible.. Muda etérea y demasiado simple... callaré me zambulliré en lo eterno y se que nada sera vano... Recordaré entre tanto lo que fui y lo que soy al mismo tiempo... Simplemente seré transitaré huellas de silencio de penumbras demenciales de ternuras invisibles de criterios musicales Y sabré... me meceré creyendo que lo que soy no lo soy... Entonces... me hallarás no en tu mente no en tu cuerpo ...si en tu alma... Podrías comprender ? Que pretendo ser incógnita incertidumbre búsqueda intuición simpleza dulzura....en tus manos.... Infinita dulzura amhacándome en lo inaudito incomprensible indefinido pero más aún... ....detrás de lo que soy delante de lo que seré... Inevitablemente ...una parte de vos una parte del mundo una parte del todo Construyendo un camino Caminando sobre nosotros mismos hacia algún lugar... Simultáneamente la noche el día el sol la lluvia vos y a veces sólo a veces yo..... Que ironía , no ? Vanesa
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A M O R. . .

El amor es un concepto universal relacionado con la afinidad entre seres, definido de diversas formas según las diferentes ideologías y puntos de vista (científico, filosófico, religioso, artístico). Habitualmente se interpreta como un sentimiento y con frecuencia el término se asocia con el amor romántico. Para Gottfried Leibniz, «amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad». En el terreno religioso presenta fuertes connotaciones espirituales, de forma que trasciende el sentimiento y pasa a ser un estado del alma o de la conciencia, identificado en algunas religiones como Dios mismo. En Psicología, Robert J. Sternberg cree necesarios para que exista amor tres elementos: intimidad, pasión y decisión o compromiso. Para Erich Fromm, el amor es un arte. En Biología, parece estar relacionado con la supervivencia del individuo y de la especie. Según algunos, no es privativo de la especie humana, y también pueden presentarlo otros seres capaces de establecer nexos emocionales.
Perspectivas sobre el amor

Perspectiva popular

El Corazón es una representación muy común del amor.
Habitualmente se asocia el término con el
amor romántico, una relación pasional entre dos personas con una influencia muy importante en sus relaciones interpersonales y sexuales mutuas. Sin embargo, se aplica también a otras relaciones diferentes, tales como el amor platónico o el amor familiar, y también, en un sentido más amplio, se habla de amor hacia Dios, la Humanidad, la Naturaleza, el Arte o la Belleza, lo que suele asociarse con la empatía, y otras capacidades. Según Gottfried Leibniz, «amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad». En la mayoría de los casos significa un gran afecto por algo que ocasiona felicidad o placer al que ama. Sobre todo en el mundo occidental, suele ser contrastado, evitado o contrarrestado por el odio, desprecio o egoísmo. Según opiniones, el amor no es privativo del género humano, sino que incluye también a todos aquellos seres que puedan desarrollar nexos emocionales con otros, como, por ejemplo, animales como los monos, los delfines, los perros, los elefantes, etc. Existe incluso quienes piensan, bajo criterios no científicos, que las plantas crecen mejor si reciben amor.
En el ser humano, a diferencia del amor de los animales, y bajo una concepción actual fundamentalmente occidental y seglar, el amor se considera un sentimiento real. En los casos más comunes es el resultado de una emoción basada en la atracción y la admiración de un sujeto hacia otro, que puede ser o no ser correspondido. Ello intensifica las relaciones interpersonales entre un sujeto y otro que, partiendo de su propia insuficiencia, desea el encuentro y unión con aquel que ha juzgado su complemento para su existencia.
En algunos casos, el amor puede ser interpretado como fruto de un duro trabajo, esfuerzo y pericia por construir y desarrollar un objetivo, sintiéndose plenitud y felicidad al verse conseguido lo que se ha anhelado y trabajado durante mucho tiempo. Este tipo de amor es el que puede sentir un padre hacia un hijo cuando lo ve ya crecido y capaz de afrontar la vida con plena madurez, imitando al padre en aquellas cosas que le ha transmitido por sabiduría práctica. En este caso, el amor se dirige hacia los principios que han fundamentado el trabajo y han guiado el esfuerzo y es la corroboración de que las creencias por las cuales se ha luchado han tenido su recompensa. Se diferencia radicalmente este sentimiento del amor incondicional, normalmente profesado por la madre, que va dirigido únicamente hacia su hijo, independientemente de cualquier principio.

Perspectiva espiritual

La Virgen y su hijo, de Isaac Oliver (1617). Aparecen la Virgen y su hijo representados con rasgos europeos y con la aureola de santos.
En la cultura religiosa
monoteísta, el amor suele mencionarse y ser apoyado por Dios, como es el caso del Islam, el judaísmo y el cristianismo. En la Biblia (especialmente en el Nuevo Testamento) se presenta una definición del amor según su cultura de la época y según la concepción del amor espiritual, diferente del propio amor terrenal:
"El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta".
1 Corintios 13:4-7
En el
Primera epístola de Juan, Capítulo 4, 4:8, se dice: «El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor».[1]

Buda Gautama pintado sobre una roca en el Tíbet. Se aprecian las aureolas alrededor de su cabeza y de su cuerpo.
Desde el punto de vista del
budismo, el amor es un estado de pureza espiritual al que los seres humanos pueden llegar mediante la liberación de las llamadas emociones perturbadoras (deseo y apego, odio e ira, ignorancia, orgullo, envidia), inherentes al mundo material o samsara. Mediante la compasión y el desapego del mundo material, puede aumentarse paulatinamente la capacidad de funcionamiento de todos los chakras, incluyendo el chakra del corazón, de tal modo que es posible amar conscientemente y eliminar el sufrimiento asociado al amor hasta alcanzar el llamado estado de iluminación, en el que existe un amor incondicional hacia todos los seres sintientes y no sintientes, equiparable al que, por ejemplo, puede sentir una madre por su hijo en el momento de su nacimiento. Según esta corriente de pensamiento, el amor mantiene unidas todas las cosas, y nuestra conciencia crea el propio universo. Para el budismo, todas las religiones son válidas si se basan en el amor y la compasión.[2] [3] [4] [5]
Así pues, la filosofía oriental presenta otra aproximación al amor espiritual, diferente de la occidental: El sufrimiento en sí mismo no es lo que nos hace virtuosos, sino que es un medio para alcanzar la virtud, de tal modo que acercarse a la iluminación implica el cese paulatino del sufrimiento y el aumento del gozo (incluyendo el amor espiritual). Al igual que en el cristianismo, el sufrimiento es un catártico (o vía de expiación) que nos conduce al estado iluminado (o a Dios). Sin embargo, para la concepción oriental, preocuparse por conseguir un objetivo constituiría un modo de sufrimiento adicional (el apego y la ignorancia), de modo que deberíamos limitar nuestro sufrimiento no preocupándonos por el propio sufrimiento —incluyendo el deseo de conseguir metas, sinónimo también del amor terrenal—. En palabras de Osho:

Cuarto chakra, o chakra del corazón.
El amor es algo fácil, el odio es algo fácil, pero tú eliges. Dices: «Sólo voy a amar, no voy a odiar». Así todo se vuelve difícil. ¡Así ni siquiera puedes amar! Inspirar es fácil, espirar es fácil. Pero tú eliges. Dices: «Sólo voy a inspirar, no voy a espirar». De esta forma todo se vuelve difícil. La mente puede decir: «¿Para qué espirar? La respiración es vida. Simple aritmética: inspira, no expulses el aire; estarás cada vez más vivo. Acumularás más vida. Tendrás grandes reservas de vida. Inspira solamente, no espires porque espirar es morir». [...] El amor es inspirar, el odio espirar. ¿Qué hacer entonces? La vida es fácil si no decides, porque entonces sabes que inspirar y espirar no son dos cosas opuestas; son dos partes de un mismo proceso. Y estas dos partes son orgánicas, no puedes dividirlas. ¿Y si no espiras...? La lógica se equivoca. No vivirás; sencillamente, te morirás inmediatamente.
Osho,
El libro de la Nada[6]
El cristianismo, al igual que el budismo, también explicita la posibilidad de alcanzar un amor supremo, pero la excluye de la vida terrenal con contadas excepciones. Según el cristianismo, mientras Cristo no vuelva al mundo la mayoría de las personas sólo conocerán totalmente a Dios tras la muerte física.
Aquellas personas cuyo amor está o se supone que está cercano al Amor Universal, o a Dios, reciben el nombre de
santos. Tanto en el budismo como en el cristianismo o el Islam suelen representarse con una aureola alrededor de su cabeza. Los budas presentan aureolas adicionales alrededor de todo su cuerpo.

Perspectiva psicológica
Tras las investigaciones efectuadas acerca del amor,
Robert J. Sternberg propuso 3 componentes:
La intimidad, entendida como aquellos sentimientos dentro de una relación que promueven el acercamiento, el vínculo y la conexión.
La pasión, como estado de intenso deseo de unión con el otro, como expresión de deseos y necesidades.
La decisión o compromiso, la decisión de amar a otra persona y el compromiso por mantener ese amor.
Estos tres componentes se pueden relacionar entre sí formando diferentes formas de amor: intimidad + pasión, pasión + compromiso, intimidad + compromiso, etc.
Por su parte, analizando la preeminencia de una u otra de estas distintas prioridades que motivan los vínculos amorosos, algunos autores como
John Lee proponen una serie de arquetipos amatorios.
Para
Erich Fromm el amor es un arte y, como tal, una acción voluntaria que se emprende y se aprende, no una pasión que se impone contra la voluntad de quien lo vive. El amor es, así, decisión, elección y actitud. Según Fromm, la mayoría de la gente identifica el amor con una sensación placiente. Él considera, en cambio, que es un arte, y que, en consecuencia, requiere esfuerzo y conocimiento. Desde su punto de vista, la mayoría de la gente cae en el error de que no hay nada que aprender sobre el amor, motivados, entre otras cosas, por considerar que el principal objetivo es ser amado y no amar, de modo que llegan a valorar aspectos superficiales como el éxito, el poder o el atractivo que causan confusión durante la etapa inicial del pretendido enamoramiento pero que dejan de ser influyentes cuando las personas dejan de ser desconocidas y se pierde la magia del misterio inicial. Así pues, recomienda proceder ante el amor de la misma forma que lo haríamos para aprender cualquier otro arte, como la música, la pintura, la carpintería o la medicina. Y distingue, como en todo proceso de aprendizaje, dos partes, una teórica y otra práctica.[7]
El amor es un estado mental orgánico que crece o decrece dependiendo de cómo se retroalimente ese sentimiento en la relación de los que componen el núcleo amoroso. La retroalimentación depende de factores tales como el comportamiento de la persona amada, sus atributos involuntarios o por las necesidades particulares de la persona que ama (deseo sexual, necesidad de compañía, voluntad inconsciente de ascensión social, aspiración constante de completitud, etc.).
Existen polarizaciones extremas de la mente manifestando un amor desmedido sin pensar en los límites de uno mismo, pudiendo incluso llegar a poner en peligro su propia existencia o incluso la de la otra persona por estar experimentando un estado polarizado de obsesión. En este caso, el que ama, desea y anhela el bien y la felicidad del ser amado, y lo hace por encima de todas las cosas. El dar sin recibir a cambio, el sacrificar y anteponer las necesidades del ser amado por encima de las de uno mismo, sin que uno lo considere como sacrificio sino como oportunidad para prodigar el sentimiento, suele considerarse una antesala al desequilibrio emocional, pues la persona objeto de nuestra obsesión no tiene por qué responder tal como lo habíamos premeditado; puede no agradecer nuestro esfuerzo y exigirnos aún más. No obstante, algunos confunden esa polarización extrema con amor "verdadero" o "sano", y exigen de la otra persona el mismo comportamiento, pudiendo manifestar frustración extrema y, como salida a dicha frustración, violencia. Por los resultados evidentes en las noticias diariamente, observamos una creciente tendencia a la violencia de género, en la que los psicólogos actuales apuntan a esta patología de obsesión polarizada como principal desencadenante de estos conflictos.

Perspectiva filosófica
Si la
actitud del amor ha de formar parte, en algún momento, de las descripciones que siguen los lineamientos de la ciencia experimental, deberá definirse de manera tal que pueda ser observada y cuantificada con cierta precisión. Baruch de Spinoza estableció una definición que puede encuadrar en los requerimientos de las ciencias humanas y sociales. Escribió al respecto: «El que imagina aquello que ama afectado de alegría o tristeza, también será afectado de alegría o tristeza; y uno y otro de estos afectos será mayor o menor en el amante, según uno y otro sea mayor o menor en la cosa amada».[8]
La definición de Spinoza, en la que la actitud del amor implica compartir alegrías y tristezas de otras personas, no difiere esencialmente de la definición bíblica del amor, ya que el mandamiento sugiere “compartir las alegrías y tristezas de los demás como si fuesen propias”, tal el “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
No sólo esta definición se refiere a aspectos observables y contrastables con la realidad, sino que también presenta aspectos cuantificables, ya que indica que en mayor o menor medida serán compartidos los afectos, mientras mayor o menor sean la alegría o la tristeza asociada a la persona amada.
De la definición mencionada se extraen algunas conclusiones inmediatas, tales como los sentimientos que surgen hacia un tercero. Spinoza escribe: «Si imaginamos que alguien afecta de alegría a la cosa que amamos, seremos afectados de amor hacia él. Si imaginamos, por el contrario, que la afecta de tristeza, seremos, por el contrario, afectados también de odio contra él».
[9]
Observamos, en esta expresión, que el odio aparece como una actitud opuesta al amor, como una tendencia a intercambiar (respecto del tercero mencionado) los papeles de tristeza y alegría como afectos compartidos.

Perspectiva biológica

Cachorros.
El concepto de amor no es una noción técnica en
biología sino un concepto del lenguaje ordinario que es polisémico (tiene muchos significados), por lo cual resulta difícil explicarlo en términos biológicos. Sin embargo, desde el punto de vista de la biología, lo que a veces se llama amor parece ser un medio para la supervivencia de los individuos y de la especie. Si la supervivencia es el fin biológico más importante, es lógico que la especie humana le confiera al amor un sentido muy elevado y trascendente (lo cual contribuye a la supervivencia).
Sin embargo, en la mayoría de las especies animales parecen existir expresiones de lo que se llama "amor" que no están directamente relacionadas con la supervivencia. Las relaciones físicas con individuos del mismo sexo (equivalentes a la
homosexualidad en el ser humano) y las relaciones sexuales por placer, por ejemplo, no son exclusivas de la especie humana; se observan comportamientos altruistas por parte de individuos de una especie hacia los de otras especies (las relaciones milenarias entre el ser humano y el perro son un ejemplo). Algunos biólogos tratan de explicar dichos comportamientos en términos de cooperación para la supervivencia o de conductas excepcionales poco significativas. A partir de los años 1990 psiquiatras, antropólogos y biólogos (como Donatella Marazziti o Helen Fisher) han encontrado correlaciones importantes entre los niveles de hormonas como la serotonina, la dopamina y la oxitocina y los estados amorosos (atracción sexual, enamoramiento y amor estable).
La
neurobiología está avanzando una definición tripartita del amor, en que se diferenciarían tres procesos cerebrales distintos, pero interconectados, y cada uno de ellos regulado hormonalmente:
El
impulso sexual indiscriminado o grado de excitación sexual para la búsqueda de pareja, regulado por la testosterona y detectable neurológicamente en el córtex cingulado anterior; de breve duración.
La
atracción sexual selectiva, pasión amorosa o enamoramiento; regulada por la dopamina en los circuitos cerebrales del placer; inusualmente prolongado frente a otras especies (hasta 18 meses).
El
cariño o apego, lazo afectivo de larga duración que permite la continuidad del vínculo entre la pareja, regulado por la oxitocina y la vasopresina, que también afectan al circuito cerebral del placer; su duración es indeterminada (puede prolongarse toda la vida).
El equilibrio de los tres procesos controla la biología reproductiva de muchas otras especies, por lo que se cree que su origen evolutivo es común. La
etología interpreta que el amor humano evolucionó a partir del ritual de apareamiento, o cortejo de los mamíferos (despliegue de energía, persecución obsesiva y protección posesiva de la pareja y agresividad hacia los potenciales rivales).[10]

Perspectiva histórica y cultural

Agnolo Bronzino, Alegoría del triunfo de Venus, hacia 1540-1545. Londres, The National Gallery. El amor representado por los dos dioses acompañados por los "celos" (centro-izquierda), el "engaño" (centro-derecha), la "necedad" (arriba a la izquierda) y el "tiempo" (arriba a la derecha).
Si bien el amor está fundado en capacidades y necesidades biológicas así como el placer sexual y el instinto de reproducción, tiene también una historia
cultural. A veces se atribuye su invención a alguna tradición particular (a los sufis, a los trovadores,[11] al cristianismo, al movimiento romántico, etcétera), pero los vestigios arqueológicos de todas las civilizaciones confirman la existencia de afecto hacia los familiares, la pareja, los niños, los coterráneos, entre otros, por lo cual las interpretaciones que postulan que el amor en general es una construcción cultural específica no parecen fundadas.
Desde el punto de vista cultural, el amor sexual se ha manifestado históricamente hacia las personas del sexo opuesto como hacia aquellas del mismo sexo. Para los griegos y durante el
Renacimiento, los ideales de belleza eran encarnados en particular por la mujer y por los adolescentes de sexo masculino. En algunos idiomas, la palabra "amor" no existe[cita requerida].

Reseña mitológica sobre el amor: el mito del andrógino
En la
mitología griega, eran tres los sexos: lo masculino era en un principio descendiente del sol; lo femenino, de la tierra; y lo que participaba de ambos, de la luna. Y precisamente, como la luna, eran circulares ellos mismos y su manera de avanzar. Eran, pues, terribles por su fuerza y su vigor y tenían gran arrogancia, hasta el punto de que atentaron contra los dioses. Entonces Zeus y los demás dioses deliberaron y se encontraban ante un dilema, ya que ni podían matarlos ni hacer desaparecer su raza, fulminándolos con el rayo como a los gigantes - porque entonces desaparecerían los honores y sacrificios que los hombres les tributaban -, ni permitir que siguieran siendo altaneros.
Tras mucho pensarlo, al fin
Zeus tuvo una idea y dijo: "Me parece que tengo una estratagema para que continúe habiendo hombres y dejen de ser insolentes, al hacerse más débiles. Ahora mismo, en efecto -continuó- voy a cortarlos en dos a cada uno, y así serán al mismo tiempo más débiles y más útiles para nosotros, al haber aumentado su número. Así pues, una vez que la naturaleza de este ser quedó cortada en dos, cada parte echaba de menos a su mitad, y se reunía con ella, se rodeaban con sus brazos, se abrazaban la una a la otra, anhelando ser una sola por naturaleza. Desde hace tanto tiempo, pues, el amor de unos a otros es innato en los hombres y aglutinador de la antigua naturaleza, y trata de hacer un solo individuo de dos. Así pues, cuando se tropiezan con aquella verdadera mitad de sí mismos, sienten un maravilloso impacto de amistad, de afinidad y de amor, de manera que no están dispuestos a separarse.
De
El Banquete de Platón.

Manifestaciones del amor

Amor maternal (cuadro de William-Adolphe Bouguereau, 1869).
En las relaciones de la persona con su medio, el amor puede presentar una o más de una de las manifestaciones siguientes:
Amor autopersonal. La
autoestima o amor propio es el amor hacia uno mismo. Es algo positivo para el desarrollo personal e indispensable para las buenas relaciones interpersonales. Se basa en la aceptación de las virtudes y defectos propios y la percepción de éstos en su justa medida. No debe confundirse con el narcisismo, que conlleva egocentrismo y que suele existir como consecuencia de una autoestima baja.[12] Vulgarmente se malinterpreta con frecuencia el concepto de autoestima al referirse al narcisismo patológico como "autoestima demasiado alta" o "demasiado amor propio". La autoestima es el requisito necesario para que exista amor real en cualquiera de sus manifestaciones.[12]
Amor filial: entre padres e hijos (y, por extensión, entre ancestros y descendientes). Específicamente el amor maternal, o amor de madre a hijo, por tradición, se considera motivado por un fuerte instinto que lo hace especialmente intenso. No obstante, hay también quien cuestiona la existencia de dicho instinto.[13]
Amor fraternal: en su sentido estricto, es el afecto entre hermanos, aunque se extiende a otros parientes exceptuados los padres y adultos. Nace de un sentimiento profundo de gratitud y reconocimiento a la familia, por emociones que apuntan a la convivencia, la colaboración y la identificación de cada sujeto dentro de una estructura de parentesco. Lo mismo que el amor filial, y desde el punto de vista del psicoanálisis, el fraternal es sublimado, ya que está fundado en la interdicción del incesto.
Amistad. Cercano al amor fraternal, es un sentimiento que nace de la necesidad de los seres humanos de socializar. El amor al prójimo nace a su vez del uso de la facultad de la mente de empatizar y tolerar, y constituye la abstracción de la amistad. Para Erich Fromm, dicho amor al prójimo equivale al amor fraternal y al amor predicado en la Biblia mediante la frase «amarás al prójimo como a ti mismo».[7]

Amor fraterno (figurillas prehispánicas de barro, 250-900 d. C.). Pueblos indígenas del Centro de Veracruz. Museo de Antropología de Xalapa, México).
Amor romántico: nace en la expectativa de que un ser humano cercano colme a uno de satisfacción y felicidad existencial. Este sentimiento idealiza en cierto grado a la persona objeto de dicha expectativa, definida en la psiquis.
Amor confluente: amor entre personas capaz de establecer relaciones de pareja definido a mediados del siglo XX. Aparece por oposición al amor romántico: no tiene que ser único, no tiene que ser para siempre, no supone una entrega incondicional etc.[14]
Amor sexual: Incluye el amor romántico y el amor confluente. El deseo sexual se considera una manifestación del amor únicamente si nace de la autoestima.
Amor platónico. Con propiedad, es un concepto filosófico que consiste en una elevación de la manifestación de una idea hasta la contemplación de la misma, que varía desde la apariencia de la belleza hasta el conocimiento puro y desinteresado de su esencia. Para Platón, el verdadero amor es el que nace de la sabiduría, es decir, del conocimiento.[15] Vulgarmente, se conoce como una forma de amor en que no hay un elemento sexual o éste se da de forma mental, imaginativa o idealística y no de forma física.
Amor a los
animales: nace de un sentimiento protector.
Amor hacia algo abstracto o inanimado: un objeto físico, una idea, una meta, a la
patria (patriotismo), al lugar de nacimiento, al honor, a la independencia (integridad). Puede considerarse amor platónico en su sentido filosófico.
Amor hacia un
dios o una deidad (devoción): Suele nacer en la educación recibida desde la infancia. Considera a Dios como la fuente de todo amor y se basa en la fe. En la mayoría de los casos, se considera que tras la muerte Dios premiaría de alguna forma a las personas que la correspondiente religión considera virtuosas.


Representación del amor
(
erastés y erómeno, Siglo V a. C.).
Amor Universal: el que todas las personas pueden llegar a sentir por el medio natural y que los grandes místicos experimentan como
nirvana, éxtasis o iluminación, manifestación sublime en la que, según el cristianismo o el budismo, se eclipsan o confluyen el resto de las manifestaciones. Eckhart Tolle sostiene que el amor, como estado continuo, aún es muy raro y escaso, tan escaso como un ser humano consciente.[16]
Algunos idiomas, como el griego antiguo, distinguen entre los diferentes sentidos del amor mejor que el español. Por ejemplo, en griego antiguo existen las palabras filia, eros, agape y storge, las cuales significan amor entre amigos, amor romántico o sexual, amor incondicional y amor afectivo o familiar respectivamente, o en latín cupiditas como correspondiente al griego eros (deseo sexual) y cáritas como correspondiente al griego agape (empatía, altruísmo). Sin embargo, tanto en griego como en muchos otros idiomas, históricamente ha resultado muy difícil separar los significados de estas palabras totalmente, por lo que es posible encontrar la palabra ágape (amor incondicional) siendo utilizada con el mismo significado que eros (amor sexual o romántico). Sin embargo, algunas terminologías vulgares en español como por ejemplo filito, originado de 'filia, genera jerarquías de seriedad o duración de la pareja.


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